La forma más fácil de saberlo es tocarle las costillas. En un perro con peso ideal se sienten con facilidad bajo una capa delgada de grasa, sin tener que apretar. Si tienes que hundir los dedos para encontrarlas, tu perro tiene sobrepeso. El número de la báscula ayuda, pero la forma del cuerpo dice más, porque dos perros de la misma raza pueden tener pesos ideales distintos.
Tres pruebas que puedes hacer en casa
La primera son las costillas. Pasa las palmas de las manos por los costados del pecho, con suavidad. Deberías sentir cada costilla como sientes los nudillos con la mano extendida. Si se sienten como los nudillos con el puño cerrado, sobra grasa.
La segunda es la cintura vista desde arriba. Párate encima de tu perro mientras está de pie. Detrás de las costillas, el cuerpo debería estrecharse un poco antes de la cadera. Si los costados son rectos o se abomban hacia afuera, hay sobrepeso.
La tercera es el abdomen visto de lado. La línea de la barriga debería subir desde el pecho hacia las patas traseras. Si va recta o cuelga, hay grasa acumulada.
Los veterinarios usan una escala de condición corporal de 1 a 9, donde 4 y 5 son el ideal. Cada punto por encima equivale más o menos a un 10% de peso extra.
Otras señales
Se cansa rápido en los paseos o jadea con poco esfuerzo. Le cuesta subirse al sofá o al carro. Tiene almohadillas de grasa sobre la cadera o en la base de la cola. Le apretó el collar o el arnés y tuviste que aflojarlo.
Qué riesgos trae el sobrepeso
Un perro con sobrepeso tiene más probabilidades de desarrollar artrosis, porque las articulaciones cargan más peso del que deben. También tiene más riesgo de diabetes, problemas respiratorios (sobre todo en razas de nariz corta como el pug o el bulldog), lesiones de ligamentos en las rodillas y complicaciones con la anestesia. Los estudios en perros muestran que mantener un peso adecuado puede alargar su vida.
Por qué engordan
Lo más común es la combinación de premios y comida de la mesa, porciones servidas “al ojo” y poco ejercicio. La esterilización baja un poco las necesidades de energía, así que muchos perros suben de peso después de la cirugía si siguen comiendo lo mismo. Algunas enfermedades, como el hipotiroidismo, también hacen subir de peso. Por eso conviene descartarlas antes de empezar una dieta.
Cómo ayudarlo a bajar
Primero, una consulta. El veterinario calcula el peso objetivo, la cantidad de comida que necesita y, si hace falta, pide exámenes para descartar enfermedades. Bajar de peso muy rápido no es seguro. Lo recomendable es una pérdida lenta y controlada, con pesajes cada pocas semanas.
En casa ayuda medir la comida con una taza o una báscula, y descontar los premios de la ración diaria. Puedes cambiar los snacks por trozos de zanahoria o pepino, que la mayoría de perros acepta. Aumenta los paseos de a poco, según la edad y el estado de las articulaciones de tu perro. Y que toda la familia esté de acuerdo, porque basta con una persona dándole comida a escondidas para que la dieta no funcione.
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